Aunque sabían que no era ni la primera, ni la última despedida, no pudo evitar que esa lágrima saltara de su ojo verde, pasara por una mejilla roja a causa del frío y muriera al rozar con su barbilla. Menos mal que él no lo vio porque ese adiós hubiera sido más duro y difícil. Al cerrar los ojos sintió como su piel se espeluznaba, no sólo debido al frío viento que hacía, sino también a causa de todo lo que recordó en ese momento. Cada mañana, cada tarde y cada noche a su lado, llenas de momentos buenos y malos, ratos de risas pero también de llantos... Y, aunque lo sabía de hacía ya tiempo, notó que él era más que un amigo especial. En cuanto dejó de notar contacto, abrió los ojos por el temor de haberlo perdido, pero él seguía allí. Ambos eran conscientes de que no se verían en mucho tiempo pero ninguno de los dos quería creer esa realidad y, después de haberse pasado una estupenda tarde de Diciembre juntos, ella se fue, dejándolo con un "No me eches de menos" tatuado en su piel y un "Feliz Navidad" que salió desde lo más profundo de su corazón, aunque ella odie el espíritu navideño.
Si todo esto existe, si es realidad y no tan solo un sueño, pido que ese tatuaje de su piel y todos los que sólo él ha conseguido dibujar en mi, me esperen aquí hasta la vuelta.
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