Me encontraba sobre una hamaca blanca caribeña y con mi piña-colada en mano. El sol picaba fuerte y evaporaba fácilmente las pocas gotas de agua que quedaban en mi piel. Con mis 27 años, sentía orgullosa de estar tan lejos de mi ciudad natal y trabajando en lo que siempre había deseado. En ese momento llegó el. Había estado corriendo por la orilla durante 40 minutos y nadando entre las aguas cristalinas. Cuando salió del agua vino corriendo a mí, me abrazó y me dio un beso. En ese preciso momento fue cuando desperté y me di cuenta de que todo había sido un sueño. Aun quedaba mucho para irse a América con la persona oportuna pero supe que ese sueño significaba algo.
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