viernes, 10 de diciembre de 2010

Seek bromance



Me puse mi gorro, los guantes, abrí el paraguas y salí del portal de puntillas, saltando e intentando no pisar los charcos de agua que habían delante de mi. Mis pasos eran firmes y mi mirada iba dirigida al suelo. Sonaba alguna canción de King of Leon cuando empecé a darme cuenta de que mis botas iban perdiendo su color original y se iban tiñiendo de lluvia. Llegué al semáforo y aproveché para mirar el reloj. Aun quedaban cinco minutos. Parecía imposible pero estaba segura de que, por una vez, llegaría yo antes al punto de encuentro. Y efectivamente, después de haber cruzado la calle me di cuenta de que había conseguido llegar sin resbalar. Saqué otra vez mi móvil para mirar la hora y, en cuanto levanté la mirada, ahí estaba él. Me saludó como de costumbre y me dio un puñado de caramelos azules, tal y como le había pedido. Nos quedamos callados oyendo el ruido que hacían las gotas de lluvia al impactar contra nuestros paraguas azules y, después de un buen rato de silencio, decidimos caminar. Sin darnos cuenta, terminamos donde siempre e hicimos lo de siempre, la lluvia no fue ningún problema. Risas. Bromas. Agua. Una pared azul nos acogió y, cuando me lo preguntó, contesté sin dudarlo aunque le dijera que no sé el significado de esa palabra. Después de insistir durante treinta minutos, como siempre, cedió y me demostró una vez más que un triste jueves de Enero puede llegar a ser un bonito día de invierno.

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