Te recuerdo sonriente, inquieto, impaciente, vergonzoso. Dubitativo, quizás, ya que las cosas no estaban del todo claras y el temor a fallar nos cortaba un poco. Después de una cena simple y rápida entreamigos, cuatro fotos y un brindis, decidimos afrontar esa noche de verano. Cálido Junio, negra noche dominada por las hogueras a pie de playa y conciertos de todo tipo en la misma arena dorada. Antorchas marcando fronteras y toallas de ébrios espectadores tendidas en el suelo. Tragos largos. Risas flojas. Preguntas tontas. Miradas prohibidas. Largos paseos a solas por la orilla. Pies tímidos que deciden probar el agua fresca se encuentran. Manos temblorosas que se unen. Ojos pequeños que se cierran para imaginar, sentir y dejarse llevar. Noche de besos, abrazos, amigos, familia, risas, llantos, preguntas y cantos. Noche. La noche de las noches, la más corta del año que, sin embargo, para mí, fue eterna.
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